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La melancolía que produce volar sobre vuestras cabezas

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Yo adoraba a los PRIMAL. Ese aura que tienes cuando vuelves de la muerte, la vida que llevas, la atención, lo reconozco… y cuando me enteré de que tenía leucemia fue a lo que me agarré. A veces lo deseaba con tanta fuerza que deseaba morir para empezar mi nueva vida.

Cuando recibí la noticia era solo un niño, pero la esperanza de renacer como un PRIMAL me mantuvo fuerte. Y aunque creo en Dios, no creo que fuera mi fe lo que hizo que renaciera como un ave. Fue regalo, pero con el tiempo entendí que estaba envenenado.

Al principio, como puedes imaginar, la experiencia era increíble. Volar era increíble. Pero pronto se convirtió en una prisión. ¿Es paradójico, verdad? La mayoría de las veces que alzaba el vuelo, siempre había alguien abajo esperando a que le contase una vez más lo increíble que era. Lo que hizo que dejase de ser increíble. O si me libraba de la pregunta, tenía a alguien preocupado por que me perdiese, me alejase o me pasara algo… Volar siempre era motivo para aguantar quejas y súplicas.

Una cosa sobre la que no se habla de los PRIMAL es que, cuando eres uno, siempre estás luchando por volver a sentirte humano. En mi familia somos cuatro, pero fue mi hermano quién se convirtió en mis manos y mis piernas. Él era la forma que tenía de recuperar mi humanidad.

Es curioso las cosas que hechas de menos cuando eres PRIMAL. Antes a mi me encantaba echar todo el tiempo que podía bajo la ducha, pero ahora, de hacerlo, podía ahogarme. Por suerte mi hermano me dejaba acompañarlo y así podía disfrutar al menos de esa sensación de humedad y limpieza, el olor al jabón… otra cosa que siempre echaré de menos es a Sasha, mi gata. Tuvimos que deshacernos de ella porque intentó matarme en varias ocasiones, a pesar de que reconocía mi voz.

Pero conforme pasaba el tiempo, la ayuda de mi hermano fue insuficiente. Él se echó novia, y seguía atento a mi claro, pero yo quería tener novia también. Morrearme, meternos mano… yo ya no podría hacer eso. Podía volar, pero no conducir, joder que ganas tengo de poder conducir, me encantaban los coches, pero ahora los odio porque me recuerdan que soy un puto pájaro sin manos ni piernas para conducir.

Por suerte desperté. Fue tan intenso, tan inmersivo, que tras mirarme las manos intenté hacer memoria sobre mi enfermedad, una que no tenía.

—¿Dices que no estás enfermo?, ¿no tienes cáncer? —preguntó el hombre que escuchaba su relato.

—No… pero lo importante es lo que quería decirle a Nat con esta carta… —dijo el muchacho a la PRIMAL cuando el hombre le interrumpió de nuevo.

—Suficiente. Qué vergüenza, ¿eres consciente de lo importante que es para esos chavales estar hoy aquí con Nat? Vamos a llamar a la policía…

—Relájate. Quiero escuchar lo que tiene que decir. —dijo la urraca.

—Gracias. Solo quería decir que ese sueño si fue real, y eso es lo que me ha llevado aquí. A raparme la cabeza y las cejas para tener el privilegio que tienen estos pobres muchachos…

—¡¿Privilegio?! ¡Menudo… ¿has visto toda la gente que rodea este hospital?, ¿las horas que llevan esperando solo para poder ver a Nat de lejos? Hasta el propio personal del centro tiene problemas porque tooodos quieren tener un rato como tú ingrato. —gritaba el hombre cuando se acercó al muchacho para sujetarlo por los hombros. —Estos niños pueden morir, ¿eres consciente?, ¿sabes el esfuerzo que Nathalie tiene que hacer para venir hasta aquí y pasar un rato con ellos, para que les robes el tiempo… —elevaba aún más la voz zarandeándole cuando la urraca lo interrumpió.

—Suficiente. Deja que el muchacho se exphrese. Estará mal lo que ha hecho phero deja que phor lo menos haga lo que ha venido a hacer. A mi no me imphorta. —respondió la urraca provocando el silencio del hombre que la acompañaba.

—Quiero ser tu asistente. Porque, aunque suene estúpido, lo sé, solo ha sido un sueño, pero sé mejor que nadie lo que se pierde al ser una urraca.

El alegato final del joven provocó una carcajada en el asistente que acompañaba a la PRIMAL.

—¿Ya?, ¿me lo puedo llevar?

—No. Quiero que se quede. Chico, le has echado valor phara hacer lo que has hecho y tengo que decirte que soy yo la que se siente identificada con tus phalavras. Phoca gente entiende como tú lo que es ser una urraca. No te voy a despedir. —aclaró la urraca a su acompañante. —Phero si sus phadres no dan autorización, este joven va a acomphañarnos por una temphorada.

Y así Leon consiguió ser co-asistente de Nat de Vos.

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