—La señora Casey nos contactó por primera vez el miércoles 26 de marzo a las 21:31, fue cuando denunció la desaparición del niño por primera vez. Según la grabación, declaró que el menor tenía permiso para salir por su cuenta dentro del barrio, hay un parque entre la avenida y la calle Barclay al que solía ir con sus amigos.
—¿Tenemos identificados a sus amigos?, ¿les hemos tomado declaración?
—Sí, Joseph Griffith y William Tillman, ambos han declarado que el joven abandonó dicho parque a las 19:40 como vienen haciendo habitualmente, otro testigo lo ha confirmado.
—Siga.
—Como sabe, no pudimos declarar su desaparición hasta pasadas las veinticuatro horas, pero los agentes Cole y Aldridge estuvieron buscándolo durante su ronda aquella noche.
—¿Y consiguieron alguna pista?, ¿Alguien vio algo sospechoso…
—Nada. La mañana del 27, la señora Casey faltó a su trabajo y estuvo preguntando por el barrio, fue cerca del mediodía cuando la agente Vásquez la vio poner estos carteles.
—¿Has visto si recibió alguna llamada?
—Solo de su trabajo. Esa misma tarde activamos el protocolo de desaparición, pero no obtuvimos ninguna pista adicional en el transcurso de las horas posteriores. Parece que a ese crío se lo ha tragado la tierra. Según dicen los vecinos de al lado, estuvieron escuchando a la señora Casey hasta altas horas de la noche llorando, deducimos que aquella noche no pudo dormir mucho.
—¿Y no escucharon nada al día siguiente?
—Sí… La señora Robinson, que estaba en casa entre las 9:00 y las 12:00, dice que sobre las 9:30 escuchó voces en el piso de la señora Casey, llegó a escuchar «no puede ser verdad», seguido de un grito.
—Coincide con la hora que ha determinado el forense, ¿no es así?
—Sí, a todas luces fue cuando se dieron los hechos.
—¿Y no escucho a nadie entrar o salir de la vivienda?
—No, solo escuchó a la señora Casey minutos antes de bajar a desayunar, en la cafetería de abajo nos lo han confirmado.
—¿Puedo ver el arma homicida?
—Los de la científica ya se la han llevado, pero tengo fotografías.
—Menudo pedrusco. Era un elemento decorativo de la casa ¿no?
—Eso parece, aún no lo hemos podido confirmar, pero mi cuñada tiene una igual en casa, es una piedra de sal del Himalaya.
—No creo que nadie haya cargado con eso hasta aquí para matar a la señora Casey. ¿Han averiguado si tenía alguna rencilla personal con algún familiar, el ex marido, amantes violentos?
—Nada, Reginald Casey falleció hace tres años y no se le conoce pareja actual a la víctima.
—No hay indicios de que hayan forzado ninguno de los accesos a la vivienda, no hay sospechosos… Solo tenemos un «no puede ser verdad» a la hora de los hechos.
—Imagino que por eso han involucrado a la National Crime Agency tan rápido señor.
—Sí, debido a la complejidad del caso sus superiores han determinado que podría tratarse de un caso de trata de personas, necesitamos esclarecer si hay relación entre la desaparición y el homicidio. Todavía tenemos que encontrar al huérfano…
—Es cierto, señor. Pobre niño, cuando lo encuentren no sabrá que ya no hay nadie en casa esperándolo.
—OK, he visto que el edificio cuenta con portero, pero no nos ha recibido.
—Exacto. Cuando llegamos estaba muy alterado. No hacía más que repetir que una rata le había dado los buenos días.
—¿Y eso os contó que fue el mismo día de los hechos?
—Sí… ¿Por qué lo pregunta?
—Si estaba drogado a ese nivel puede que tengamos algún hilo del que tirar. ¿Tiene su dirección?
***
—Te juro que cuando oí caerse a mamá escuché un boing, como en los dibujos… Pero cuando empecé a ver la sangre, el olor… —solloza. —No te imaginas lo fuerte que olía su sangre… ya tuve claro que no se trataba de un sueño.
—Que fuerte… no sé qué decir…
—Es que, ¿qué harías tú? Me costó mucho llegar a casa desde Barrington, pero me lo estaba tomando como un juego… en ningún momento he pensado que lo que estaba pasando era real. Si hasta saludé al señor Farrel cuando conseguí meterme en el portal de casa.
—Yo también habría venido a casa en tu lugar, no tienes que sentirte mal por ello…
—No te imaginas Josh… La cara de mi madre cuando la hablé… Sus ojos, parecía que estaba viendo al diablo.
—Y justo tuvo que darse con la piedra esa rosa, lo siento mucho, tío —y ambos rompieron a llorar durante un par de minutos. —Uff, ¿y desde Barrington has sido capaz de llegar a casa siendo una rata? ¿Cómo?
—Cogí hasta un autobús —contestó con una pequeña sonrisa, secando sus diminutas lágrimas. —Ahora pienso si fue una buena idea… A lo mejor, de tener que ir a pata, me hubiese cansado, yo qué sé, el caso es que en el autobús tuve que esconderme bien para que no me pisaran, y cuando salí, anda que no gritaba la gente. Al principio fue guay. Es verdad que cuando me crucé con la primera rata gigante pasé miedo, yo tenía el mismo tamaño, pero se me pasó rápido. Pude seguirlas, ser parte de su grupo… me llevaron hasta un mercado y eso fue un flipe.
—¿Por qué?
—Los olores, y el sabor de las cosas, como se siente la textura de la fruta, de los tomates en estas manitas… Un tendero casi me mata al verme corretear por encima de sus tomates —dijo la rata y empezó a reír.
—¿Qué dices? ¿Corriste por encima de los tomates? ¡Qué asco!
—¡Yo no me las voy a comer!, ¡Pero no compres en el mercado de Barrington! —y empezaron a reír a carcajadas.
—Joder, esto es una locura… ¿qué vamos a hacer?
—No lo sé, no sabía a qué otro sitio ir…
—Hay una cosa que tengo que decirte…. Ha estado en casa un tío de la NCA preguntando por ti, lo normal, he pensado… Pero al verte ahora, al saber la verdad… Hay una cosa que me tiene rayado.
—¿Qué pasa?, ¿Te dijeron algo de la muerte de mi madre?
—No, pero me preguntó si debido a tu desaparición había tenido alucinaciones, como que un perro me hablase o cosas así. Tío, ¿no te parece mucha casualidad?
—El señor Farrel… ¡Joder! Si casi… No, he matado a mi madre del susto, literalmente… El señor Farrel tiene que haberse quedado loco. ¡Joder, no quiero ser una rata de laboratorio! Después de lo de mi madre… —y comenzó a llorar de nuevo.
—Tranqui tío —decía el muchacho mientras acariciaba a la rata. —Creo que tengo una idea.