Evergreen es la mayor organización ecologista que ha existido en la historia, y en los cuatro años que llevaba de vida, había crecido exponencialmente como pocas agrupaciones lo habían hecho en el último siglo, pero lo más importante no era su tamaño, sino su influencia. El «despertar verde del inicio del milenio», como lo denominaba la prensa, estaba siendo una tendencia que impregnaba a la sociedad en todos sus aspectos: economía, costumbres, debate público, visión de futuro, política… Los movimientos ecologistas habían existido desde los años 60, pero no fue hasta que el antílope Gambo, el primer PRIMAL presentado en sociedad, se abanderó por la causa, el ecologismo no comenzó a ser un fenómeno social con influencia real.
El planeta comenzaba a dar las primeras señales claras de que estábamos llegando a un punto de no retorno: la capa de ozono, la deforestación en el Amazonas, las primeras lluvias ácidas… El calentamiento global ya estaba en boca de todos, y poco a poco, todos los ojos comenzaban a posarse en los culpables del deterioro medioambiental, algo que perjudicaba la imagen de Estados Unidos y su industria. Los norteamericanos habían hecho de la explotación de los recursos naturales y el abuso del medioambiente en su herramienta más valiosa para el crecimiento, un estilo de vida que no les dejaba en buen lugar ante el nuevo paradigma social que florecía.
Por aquel entonces, ningún político o empresario estadounidense reconocía lo molesto que le resultaba el discurso de Evergreen, pues admitirlo, lo señalaba como responsables, pero Evergreen había iniciado una guerra cultural que acabaría por agrietar los cimientos sobre los que se sustentaba la industria norteamericana. Por eso,cuando el gobierno estadounidense aceptó acoger a Arthur Dramé, una rana Goliath procedente de la República Democrática del Congo, de la mano de Gambo, no calcularon el alcance de la relevancia social que alcanzaría.
Arthur Dramé se convirtió en la cabeza visible de Evergreen en Estados Unidos, y con ello, pasó a ser la punta de lanza de un estilo de vida que atentaba con destruir el american way of life. Sin embargo, si algo tienen los sistemas altamente estructurados en la sociedad, es su capacidad para asimilar cualquier anomalía, aunque en este caso, no queda tan claro quién asimiló a quién. En 2005, la rana anunció a todo el planeta el Sello de Responsabilidad Ecológica de Evergreen, un sello de calidad al que cualquier producto podía adherirse siempre que cumpliese unos estándares de respeto al medioambiente marcados por la organización. Un distintivo que dio origen al término green washing, no obstante, aunque para muchos pudiese parecer que el Sello de Responsabilidad Ecológica era una forma de lavar la imagen de las empresas, realmente el sello era una herramienta para obtener influencia económica y social.
Evergreen no se vendía al mejor postor, no otorgaban el sello bajo cheque, solo lo otorgaban a empresas y productos que cumplían con sus estándares medioambientales de forma rigurosa. Tener el sello era formar parte de la tendencia de moda, era una forma de hacer friendly tu empresa, de asociar tu imagen de marca a dos de los PRIMAL más populares del planeta, y eso daba dinero, por lo que la implantación del Sello de Responsabilidad Ecológica fue un éxito. En un año, dicho distintivo había creado toda un mercado y, paralelamente, una estructura dentro de Evergreen para gestionar todas las solicitudes que llegaban. Muchas de las empresas que tenían a Evergreen de frente ahora competían por caminar a su lado. Los PRIMAL habían sabido leer el signo de los tiempos, pero este solo era el primer paso.
Un año después, Arthur presentó el proyecto Ciudades Verdes, la extensión del Sello de Responsabilidad Ecológica a las poblaciones. Arquitectura, energía, urbanismo, la magnitud del proyecto era más ambiciosa si cabía que el anterior distintivo, y como un año atrás, este nuevo proyecto había empezado con buen pie. Para la presentación del proyecto, el político demócrata Bernie Sánchez había acompañado a Arthur para apoyar la iniciativa y anunciar que él trabajaría por implatar el decálogo de ciudades sostenibles de Evergreen en Burlington, Vermond, su ciudad natal. Sánchez era un político muy popular en el espectro demócrata del Congreso, y tras su aparición junto a Arthur comenzó a hablarse de su traspaso al floreciente Partido Verde Norteamericano. La sombra de Evergreen sobre la política estadounidense comenzaba a sentirse y aquello tenía revuelto a muchos congresistas en Washington quienes intentaban hacer los cálculos adecuados sobre el alcance político que la iniciativa de Ciudades Verdes tendría en el electorado. Arthur tenía muy claro que el escenario político estadounidense se contraería ante su nuevo proyecto, por eso, semanas antes convocó a Gambo en territorio norteamericano.
A ojos del público, Gambo fue a Estados Unidos para confraternizar con los voluntarios estadounidenses. Hizo una pequeña gira por las principales sedes de Evergreen en suelo norteamericano y celebró un gran evento en Springdale, la localidad donde residía Arthur. Esta sería la primera población estadounidense que implantaría el decálogo de ciudades sostenibles. Pero la visita de Gambo a Estados Unidos tenía varios objetivos. Más allá de ganar más voluntarios y socios para la organización, la presencia de Gambo ayudó a que muchos de los que ya lo eran, diesen un paso más en su compromiso con su organización. Durante su paso por Estados Unidos, Gambo también fue a visitar al pato John Taylor, un último PRIMAL estadounidense recientemente presentado en sociedad. La presencia de Gambo había demostrado ser muy efectiva a la hora de condicionar y persuadir a otros PRIMAL hacia la causa ecologista, y contar con el apoyo de un PRIMAL más en Estados Unidos era primordial para la estrategia de la organización.
OPARAL, el organismo encargado de regular todo lo relacionado con los PRIMAL en Estados Unidos, pidió a Gambo asistir a varios eventos organizados por ellos, pero Evergreen rehusó la oferta; el pulso con el gobierno estadounidense había empezado. Todos los gobiernos, incluido el norteamericano, utilizaban a sus PRIMAL como herramientas propagandísticas, pero Evergreen había dejado de estar interesado en ese juego para ser ellos mismos un jugador. Una forma que tenía el gobierno de manipular a los PRIMAL, y dirigirlos a sus propósitos, era a través de la seguridad. Sin embargo, en el evento masivo de Springdale, Evergreen se encargó por primera vez de la seguridad del evento dejando a OPARAL al margen de ello estableciendo un precedente para los años venideros. En el punto en el que estaba Arthur, el PRIMAL necesitaba tener independencia del gobierno norteamericano, y esta empezaba por alejar a los agentes gubernamentales de cada paso que daba. Pero la razón principal por la que Gambo fue a Estados Unidos fue para recibir instrucciones de Arthur.
A pesar de lo que todo el mundo pensaba, Gambo solo lideraba Evergreen de forma pública, era su cara visible, el primer PRIMAL en presentarse en sociedad, el impulso lo aportaba él, pero la mente detrás de la organización, el plan a futuro, la visión global, eran de Arthur. La rana sabía el impacto que tendría su nueva iniciativa, no solo en Estados Unidos, sino a nivel mundial, y para surfear adecuadamente esa ola, Arthur debía guiar a su discípulo una vez más. El alcance de Evergreen, su forma de operar y su influencia expansiva había puesto a la organización en el punto de mira del gobierno norteamericano y eso tenía a Arthur un tanto paranoico, tanto que había abandonado su residencia en Springdale y había construido un bastión con apariencia inofensiva en Ruisoso, un pequeño pueblo de Nuevo México en el que junto con Gambo, diseñaron los siguientes pasos de su revolución.
Un mes después de la presentación del proyecto de Ciudades Verdes, Arthur se encontraba en Los Ángeles para dar un paso importante en su plan de proyección nacional. Junto a él estaba Liam Bell, asistente personal y Secretario de Organización de Evergreen en Estados Unidos, probablemente la persona con más poder en la estructura nacional después de Arthur. Ambos se encontraban en un lujoso condominio de Beverly Hills para tener una reunión con el magnate de la construcción Isaiah Astor. Su objetivo era cerrar un acuerdo de colaboración que asentaría las bases de su plan a largo plazo en la capital californiana. El condominio su ubicaba sobre una colina permitiendo ver desde sus enormes cristaleras todo Beverly Hills.
—Menudas vistas. —dijo Liam mientras bebía de una copa de champán que le había ofrecido el servicio nada más llegar al condominio.
—El lugar es hermoso. Pero caerá como todas las civilizaciones que le han precedido. Estás celebrando antes de tiempo. ¿Aquí no hay un dicho para eso? —respondió Arthur.
—¿Lo dices por esto? —hizo un gesto alzando su copa. —Creo que el trato está bastante cerrado Arthur, lo he revisado con el equipo legal varias veces. Hoy empieza una nueva era para esta ciudad. Debemos celebrarlo.
—Deberías saber que la gente con poder suele ser bastante impredecible. Caprichosos. ¿Tienes claras las contra ofertas?
—Sííí, tranquilo, permítete disfrutar Arthur, tenemos todas las variables sobre la mesa. Sé que no bebes pero deberías plantearte probarlo… ahí viene el concejal de urbanismo. Astor se está retrasando, ¿crees que Dillane habrá metido la pata en algo?
—No creo que hoy debiese ser el día en que probase el alcohol. Confía más en Dillane, él ha sido quien ha atraído a Astor a nuestra órbita. Te aseguro que es el hombre indicado para el papel que se le ha asignado.
—No si parece que su amistad es genuina, pero es que Dillane parece tan… informal. A veces me parece que lleva el cartel de «desastre» colgado en la espalda.
—No sé porqué hablas así de Dillane, ha demostrado ser un aliado eficiente, no dejes que su imagen te confunda. Además, es un perfil que lleva en esto desde antes de llegar nosotros, antes de Gambo, ¿cómo te gusta llamarlos… early adopters?
—Si tienes razón, pero hay algo en la imagen que proyecta… ¡hola Joshua!, me alegra verte hoy aquí con nosotros, ya sabes lo beneficioso que será este proyecto para la ciudad. —dijo Liam abrazando al concejal de urbanismo.
—Lo sé, y sé que mi presencia ayudará a cerrar el trato, al fin al cabo es mi departamento quién tiene que aprobar la construcción. —respondió el concejal cuando se cuadró frente a Arthur e hizo una reverencia. Al anfibio, el gesto le resultó peculiar, pero al menos era respetuoso y no le acariciaba como si fuese una mascota, gesto que hacían muchos para saludarle.
—¿Tienes bien visto el proyecto no? —preguntó Liam.
—Sí, sí, como te dije cumplís con todo el reglamento urbanístico, sabes que en el área de urbanismo somos muy fans del trabajo que ha hecho con su decálogo de construcción sostenible señor Dramé. —respondió el concejal lo que provocó una mirada de confirmación de Liam al PRIMAL mientras cogía otra copa de champán para él y el concejal. —¿Hoy pondría el terreno a nombre de Evergreen no?
—Sí, y firmamos el acuerdo por la construcción de la sede, mira creo que ese es el vehículo de Astor, creo que estoy viendo salir a Dillane… sí, son ellos. —dijo Liam, lo que hizo que el concejal dejase a un lado la copa de champán. Arthur lanzó una mirada inquisitiva a su asistente pero este no se dio por aludido. —Como decía, creo que el proyecto de Garden station cambiará la imagen que proyecta Los Ángeles al mundo. Dejará de ser una ciudad frívola, de recreo y erigiremos un monumento social al desarrollo sostenible, estamos proyectando un modelo de ciudad… ¡Bienvenido señor Astor!, Dillane, le presento a Joshua…
—¿Cómo no lo voy a conocer? Señor concejal, ¿cómo se encuentra? — respondió el magnate mientras daba un severo apretón de manos al político.
—Encantado de verle involucrado en ese proyecto señor Astor, estoy convencido de que hoy vamos a darle una vuelta a la forma de vivir en Los Ángeles.
—Sí tan importante es, ¿por qué no ha venido el alcalde a reunirse con nosotros? —respondió Astor con seriedad dejando fuera de juego al concejal. —Es broma Joshua, tengo claro a lo que hemos venido. Señor Dramé, perdone mis modales, es un honor compartir negocios con usted.
—El placer es mio. ¿Nos sentamos en la mesa?
—No es necesario. —respondió a Arthur a la par que rechazaba la copa de champán que le ofreció el servicio del condominio. —¿Pueden darnos algo de intimidad? Gracias. Todos los presentes conocemos bien el acuerdo, no veo necesario ponernos formales. Sin embargo hay varios asuntos que debemos dejar cerrados antes de firmar toda la documentación.
El cambio de guion por parte del empresario hizo que el PRIMAL y su asistente intercambiasen miradas, a lo que seguidamente, Liam lanzó una mirada acusadora hacia Dillane.
—Pensaba que hoy solo nos reuníamos para la firma, hablar sobre cómo presentar el proyecto a la prensa… ¿hay algo que debamos saber? —dijo con cierta suspicacia Liam mientras no quitaba ojo a Dillane. El asistente pensaba que este cambio de última hora se debía a una jugada del político para ganar posiciones dentro de Evergreen.
Richard Dillane era el presidente del partido verde en Estados Unidos desde el 2002 pero había sido afiliado desde su juventud, desde que eran poco más que un grupo de manifestantes que se congregaban en las puertas de multinacionales, desde antes de tener representación en el Congreso, desde antes de que Gambo se presentase en sociedad. Cuando todavía no era presidente del partido tuvo la oportunidad de acercarse a Gambo en su primera visita al país y compartió con él su visión de futuro. Eso le puso en contacto con Mburu Moussa y fue una pieza clave en el proceso de nacionalización de Arthur en Estados Unidos. Dillane era amigo personal de Isaiah Astor y fue él quien lo involucró en el desarrollo de la futura sede de Evergreen en Los Ángeles.
—Es conmigo con quién tiene que hablar de mi dinero señor Bell.
—Por supuesto, ¿qué le preocupa del proyecto señor Astor? —respondió Arthur antes de que su asistente abriese la boca.
—Lo primero es que quiero adelantar el inicio de las obras al segundo trimestre del 2007.
—No hay problema, de hecho me entusiasma saber que quiere iniciar el proyecto cuanto antes. Una vez la sede esté en marcha, nuestra huella en la ciudad nos impulsará a ambas partes hacia nuestros objetivos. ¿No habría problema con iniciar las obras antes no concejal? —dijo Arthur.
—Nada, solo habrá que hacer papeleo pero es positivo para la ciudad que el proyecto empiece cuanto antes.
—Buena parte de ese papeleo ya lo traigo yo cumplimentado. Es el mismo acuerdo con las fechas modificadas. —explicó Astor dándole el contrato a Liam. —Sé que eres abogado por lo que revísalo antes de que firmemos si estamos de acuerdo. Aunque hay otra fecha actualizada en el contrato. Quiero que los pagos comiencen en enero del 2007.
—¿Pero se mantiene el precio acordado por el desarrollo del… —preguntó Liam con un tono de preocupación en su voz.
—Todo como acordamos. Punto por punto, puedes comprobarlo, solo modifiqué ambas fechas.
—¿Podemos adelantar los pagos? —consultó Arthur a su asistente.
—Sí, sí, solo tengo que replanificarlo con tesorería.
—¿Quién es ese que está hablando con tu chófer? —alzó la voz Dillane mientras observaba por el ventanal como alguien discutía con el chófer que les había traído a la reunión.
—No sé, no parece un vecino de la zona, pero no me preocupa, Miles puede librarse de él cuando quiera. —respondió Astor tras asomarse al ventanal. Enseguida se dio media vuelta y acudió a la barra de la sala para prepararse un whisky solo. —Hay otros asuntos que me gustaría dejar cerrados antes de la firma.
A Arthur y Liam no les gustaba la dinámica que comenzaba a coger aquel encuentro. Ambos sabían que en el acuerdo había un reparto muy desigual del beneficio a su favor, y estaban preparados para ello, pero temían que las exigencias del magnate les llevasen a una fricción que rompiese la relación.
—Díganos de qué se trata, no nos tenga en ascuas. ¿Es correcto? —dijo el PRIMAL.
—Sí es correcta la expresión. Es sobre el acuerdo de exclusividad de nuestra contratación para todos los proyectos de construcción de Evergreen en Estados Unidos.
—Eso está más que suscrito por nuestra parte señor Astor, recuerde lo que le dijo Gambo en nuestro encuentro en Nueva York.
—Lo recuerdo perfectamente señor Dramé, créame, fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Al igual que hoy, siento que estamos dando un gran paso en lo que respecta al futuro de esta ciudad, mi compromiso con Evergreen es firme, solo quiero que este sea mutuo.
—¿Y qué propone? —respondió Arthur.
—Quiero que firmen un preacuerdo para la ampliación de dicha exclusividad por cinco años más. Aquí traigo el documento. —dijo Astor mientras sacaba otro contrato del maletín.
—Pero, si no recuerdo mal, ya se habló de esto en Nueva York.
—Sí, pero entiéndame, soy un hombre de negocios y me gustan los compromisos serios. No he llegado hasta aquí a base de promesas. No se preocupen por el preacuerdo, no hay ninguna cláusula que penalice la no renovación del acuerdo que firmamos hoy, pero creo que este documento es una confirmación de su compromiso conmigo señor Dramé.
Liam cogió el documento un tanto airado, acababa de terminar de revisar el acuerdo para los inicios de la obra de la sede y ahora debía revisar otro contrato. Le preocupaba que este bombardeo de información ocultase alguna trampa que comprometiese todo aquello que habían construido.
—Si no le importa voy a revisarlo también. Ya firmé el nuevo contrato para la construcción de la sede, todo está correcto. —confirmó Liam a Arthur mientras le acercaba un bloque de tinta con el que el anfibio empaparía su palma para firmar el acuerdo.
—Revíselo, ¿por qué se cree que escogí un lugar tan cómodo para la reunión del día de hoy? No iba a ser una simple firma y todos para casa.
—Pensé que escogió el lugar por la privacidad pero veo que ese no es el fuerte de esta preciosa villa. —respondió molesto Liam señalando la escena que transcurría a las puertas del condominio.
Desde la visión en altura que ofrecían los ventanales del enrejado que daba acceso a la villa podía verse como al transeúnte que increpaba al chófer de Astor se habían sumado otras dos personas que también discutían con el guardaespaldas del empresario, y otras dos más gritaban algo imperceptible hacia los presentes en aquella sala.
—De verdad que no hay de qué preocuparse, no creo que la seguridad del condominio tarde mucho en echarlos. Bueno señor Dramé, ¿hay algún impedimento a la firma del preacuerdo?
—No, pero quería recordarle el propósito que hoy nos reúne aquí. ¿Sabe que era Beverly Hills hace 100 años?
—Por supuesto, era un terreno agrícola, la despensa de una ciudad que florecía. Veo que ha estudiado bien nuestra historia.
—Hoy día, la ciudad de Los Ángeles no necesita una despensa, necesita un faro, y eso es lo que será Garden station para la ciudad.
—Y también una despensa para los más desfavorecidos. —añadió Dillane. —El propio edificio tendrá una superficie cultivable de 6.000 metros cuadrados, ¿cuánta comida producirá la sede al año?
—Estimamos producir más de 4.500 kilos de alimentos al año que repercutirán en la ciudad. —respondió el anfibio.
—¿Ves el simbolismo tan potente que tiene? Es un back to the roots que mira al futuro. —continuó Dillane.
—La mejor manera de predecir el futuro es creándolo. —sentenció Arthur.
—Abraham Lincoln, muy bien traído.
—Esta retribución al pueblo, el incipiente sector de la construcción sostenible que estamos edificando hoy aquí juntos, la visión política que engloba este proyecto.— dijo Arthur señalando a Dillane con su pata. —Son las bases del futuro de esta ciudad, y este acuerdo es su forma de ser partícipe en ello, ¿no cree señor Astor?
—Sí, si estoy totalmente de acuerdo con el objetivo que nos ha traído hoy aquí. No entienda que mi altruismo está condicionado por el beneficio estratégico que obtendré, pero debe comprender que, aunque yo haga una aportación a título personal de 140 millones para la compra del terreno, los inversores que respaldan mi negocio se preocuparán al verme hacer dicho movimiento. Debo sustentar mi altruismo en un beneficio empresarial, aunque sea a largo plazo. Lo que me lleva al último punto que quería revisar con ustedes antes de la firma. —dijo Astor mientras sacaba un nuevo contrato de su maletín y lo ponía frente a Liam quién aún leía el anterior. —Sus expertos, los firmantes del decálogo de construcción sostenible, en el acuerdo inicial hablamos de una colaboración estrecha de sus especialistas en el desarrollo del proyectos sostenibles de mi empresa durante los 5 años que dura el acuerdo de exclusividad que acaban de firmar. En el acuerdo pone lo mismo, pero quiero añadir al acuerdo un contrato para los cuatro expertos en mi empresa por el tiempo que dure nuestra colaboración.
En ese momento una piedra atravesó la cristalera de la estancia en la que estaban reunidos. El concejal gritó del susto pues la piedra aterrizó cerca suya. A fuera, los cinco viandantes que se encontraban en el exterior de la villa se habían enzarzado en una pelea con el personal de seguridad de Astor y del condominio, y al grupo de alborotadores se habían sumado cuatro personas más. Todos se asomaron para ver que sucedía fuera. La tensión podía saborearse y la paranoia de Arthur se accionó como una trampa para ratones. El PRIMAL estaba trabajando activamente para subvertir el orden establecido, transformar la mentalidad del norteamericano medio, su posición en Evergreen le daba mucho poder y él sabía que el gobierno lo estaba investigando. «¿Acaso estaban saboteando la reunión?» pensaba para sí, «¿estarían dispuestos a agredir a alguno de los presentes para disuadirlos de colaborar?», había mucho en juego y a la rana no le gustaba dejar nada al azar.
—¿Ese que acaba de unirse a la pelea es Solomon? —dijo Arthur refiriéndose a uno de los miembros de su comitiva que esperaba fuera de la sala donde se reunían.
—Sí, voy a llamarle para que deje de hacer el idiota. —respondió Liam. El asistente también compartía las sospechas del PRIMAL sobre el intento de sabotaje del gobierno y le preocupaba que de filtrarse las imágenes de uno de sus colaboradores destacados en una pelea pudiesen utilizarlas en contra de la organización en los medios.
—No va a coger el teléfono. Tendrá que salir a disuadirle, mis chicos se encargarán de los alborotadores. —señaló Astor.
«¿Se trataba de una estratagema de Astor para separarnos y presionar más agresivamente?» pensaron Arthur y Liam intercambiando miradas, pero el riesgo a que la situación se tergiversara era real, por lo que Arthur asintió a su asistente para que fuese a separar a Solomon de los alborotadores.
—No dejemos que esto nos distraiga de nuestro propósito. ¿Hay acuerdo señor Dramé? —«ahí va» pensó el anfibio al ver como Astor atacaba.
—Usted me está pidiendo que disponga de la vida de cuatro personas. Ellos están comprometidos con el decálogo que hemos creado, y en consecuencia, colaborarán con usted, pero son parte de mi organización señor Astor. —contestó Arthur con aplomo.
—Les ofrezco una buena remuneración por ello, seguro que más de lo que aporta su organización Arthur, ¿puedo llamarle Arthur? —espero el magnate a que el PRIMAL asintiese. —Ellos trabajan cada día por hacer del mundo un lugar mejor. Seguro que si les preguntamos creen que merecen tener una vida mejor. Es lo que les estoy ofreciendo.
—Isaiah, si lo que le preocupa es la calidad de vida de mis colaboradores puedo comprometerme a mejorarles su sueldo, pero mi equipo está desarrollando otros proyectos para Evergreen, somos una organización global. Aunque Garden station es un paso importante en Estados Unidos, no puedo privar al resto del mundo de su talento.
—Sí puede. —respondió Astor cuando otra piedra atravesó la cristalera.
A fuera de la sala la situación se estaba complicando. Cuando todos se asomaron vieron como Solomon se interponía entre Liam y un alborotador que le había propinado un puñetazo, el asistente se cubría la cara dolorido. Uno de los atacantes estaba inconsciente en el suelo y uno de los guardaespaldas de Astor boxeaba con otro que se estaba tambaleando, sin embargo, el intento de Liam por sacar a Solomon de la pelea había hecho que los alborotadores atravesasen la valla de acceso al exterior del condominio.
—¡¿Por qué no llaman a la policía?!, ¡están locos! —gritó alterado el concejal.
—¿Quiere que llamemos a la policía? —preguntó Astor a Arthur. El magnate sabía que el PRIMAL no quería atraer la atención de las autoridades. La presencia del concejal podría suscitar un delito de tráfico de influencias y dicho altercado podría ser utilizado como ataque para los rivales políticos de Dillane. La intervención de la policía podría poner en riesgo la viabilidad del proyecto.
—No Joshua. Habría que dar demasiadas explicaciones, tu el primero. —respondió Arthur provocando que las comisuras de la boca de Astor se arqueasen.
Astor se quitó tranquilamente su americana, la enrolló en su puño y terminó de abrir un agujero considerable en la cristalera por donde había entrado una de las piedras.
—¡Saquen sus armas! —ordenó a sus guardaespaldas a través del agujero quienes obedecieron de inmediato. Las armas de fuego dejaron petrificados a los asaltantes. —Creo que su pequeño berrinche ha llegado lo suficientemente lejos y no creo que tengan ganas de abonar mi césped. Cojan a su amigo y no vuelvan a aparecer por aquí.
El ataque cesó de inmediato. Los alborotadores cogieron a su compañero caído y se marcharon en silencio. El equipo de seguridad de Astor volvió a cerrar el acceso y Liam volvió aquejado a la sala de reuniones.
—¡A Isaiah no le gusta andarse con rodeos! Bien hecho. —le dijo Dillane al magnate dándole un par de palmadas en la espalda.
—Depende del ámbito del que hablemos. —respondió seco Arthur. —No entiendo cómo ha podido salirse de control la situación así de rápido.
—El odio al rico. Usted no será tan consciente porque la gente lo idolatra, pero en esta zona es habitual encontrar de vez en cuando a algún energúmeno como estos. Aunque no suele salirse de control de esta forma. Estos eran más atrevidos de lo habitual. —contestó Astor en lo que apareció Liam en la sala con un hielo envuelto en un trapo que le había facilitado el personal de servicio del condominio. —Esta es otra de las razones por la que estoy muy interesado en colaborar con Evergreen. Muchos ciudadanos de a pie nos ven como el enemigo, y quiero que esa percepción cambie.
—Dios si no llega a ser por Solomon me hubiesen dado una paliza… —farfullaba Liam entre dientes. —¿No estarían en nómina esos descerebrados?
—Puede ser que alguien les haya pagado para sabotear este acuerdo, pero si lo que está sugiriendo es que yo sea quién a propiciado este altercado creo que no tenemos la confianza necesaria para seguir trabajando juntos. —dijo Astor.
—No creo que mi asistente esté queriendo decir eso. —Arthur también compartía la sospecha de su asistente, pero no podía permitir que dicha estrategia rompiese el acuerdo. —Pero creo que esta situación ejemplifica perfectamente la importancia de lo que estamos haciendo. Ahí fuera hay quienes no quieren progresar en la dirección que estamos marcando, ¡eso es una buena señal! Solo tenemos que confiar los unos en los otros.
—Y apoyarnos. Es lo que les estoy pidiendo. Mira Arthur, tal vez el problema está en que no se está poniendo en mi piel. Los 140 millones que estoy apunto de desembolsar para la compra del terreno donde se construirá Garden station son a fondo perdido. Nada me garantiza que vaya a ver un retorno de dicha aportación, y aunque lo hago de forma altruista no soy idiota. Soy un hombre de negocios y me gustan los tratos formales. Contar con sus expertos en mi plantilla me garantiza una posición predominante en el sector de la construcción sostenible, son solo 5 años. Creo que es un trato justo.
—Son parte de nuestro equipo y hay otros proyectos… —saltó Liam a lo que el PRIMAL lo interrumpió.
—Ya hemos pasado por ahí Liam. Mira Isaiah, tienes que entender también el contexto en el que estamos. El sello de Ciudades Verdes de Evergreen apenas lleva un mes en marcha, tenemos centenas de peticiones para ponerlo en marcha en todo el mundo. Si yo prescindo de las personas que lo han concebido, los castillos que usted está construyendo se caerán antes de levantar el primer muro. Debe darle tiempo a la iniciativa para que coja fuerza, sino, aquellos que intentan sabotearnos lo arruinarán todo.
—Creo que si no cuento con su colaboración completa no podré comprometer mi capital como habíamos acordado. —afirmó Astor.
—¿No habría otra manera de mantener el acuerdo como habíamos pactado Isaiah? Los primeros meses de vida de este proyecto, como en cualquier otro, son vitales para su desarrollo. Usted lo sabe mejor que nadie. Lo que pide es contraproducente para ambas partes.
—Un año. Cerramos la contratación de su equipo en un año a partir de ahora. Forme a su gente, asiente sus bases, dejaré que crezcan sus raíces, y una vez los contrate los mantendré en una jornada del 80% para que puedan seguir colaborando con Evergreen. Con el mismo sueldo, entiendo que son primordiales para que esto funcione para todos.
—Pero son las vidas de cuatro personas de las que no dispongo como si fuesen de mi propiedad. Deben ser ellos quienes tomen la decisión. —respondió el PRIMAL.
—Estoy de acuerdo. —dijo Astor mientras comenzaba a escribir en un folio en blanco. —Mira, este es un resumen de las condiciones que les ofrezco a su equipo. Llámelos ahora, explíquenles la importancia de su colaboración en este acuerdo, y que ellos decidan. —explicó mientras le daba el papel con las condiciones a Liam.
—¿Tiene que ser ahora? —preguntó el asistente.
—Sí. Si quieren que les firme 140 millones para la compra del terreno quiero tener una respuesta por su parte. Les prometo que no traigo ninguna condición más.
Se hizo un silencio que parecía pesar como el plomo. Liam y Arthur se miraban sin decir una palabra como si estuviesen hablando por telepatía hasta que el PRIMAL tuvo clara su decisión.
—Llámalos y dile que se lo estoy pidiendo. Dentro de un año.
—Dentro de un año. —repitió Astor.
Liam se salió de la sala para poder hablar con sus compañeros y convencerlos de que aceptasen el acuerdo de Astor. Edificar Garden station supondría un antes y un después para la ciudad de Los Ángeles y un gran salto hacia adelante en los planes de Evergreen en Estados Unidos. El país norteamericano era la punta de lanza de la cultura occidental, la sede de las principales potencias económicas del mundo a las que debían combatir, transformar la sociedad estadounidense era una prioridad global para Evergreen, y aquel acuerdo valía el precio que Astor les quería hacer pagar.
Mientras Liam contactaba con sus compañeros, la charla pasó a ser más relajada, Arthur sentía que reconducía el ánimo de Astor hacia su terreno mientras hablaban de sus planes de futuro. La reunión parecía tornarse más optimista, pero el PRIMAL sabía que todo dependía de la colaboración de sus expertos para obtener la ansiada firma, y eso lo mantenía inquieto.
Liam entró con tres de cuatro afirmativos, pero para Astor fue suficiente. La firma llegó y los presentes brindaron por el paso hacia el futuro que estaban dando. Garden station sería una realidad. El grupo estuvo congraciándose durante una hora antes de despedirse, y llegado el momento de volver a su vehículo, Arthur tuvo claro el destino.
—Nos vamos a Nuevo México. No me ha gustado nada lo que he visto hoy.
—¿Te refieres al moratón que me va a salir en la cara?
—Sí, creo que no estamos seguros quedándonos aquí.
—Tienes razón. ¿Crees que se trata de una jugada de Astor o son los del Gobierno?
—Tengo razones para pensar que han sido ambos, con más razón debemos irnos inmediatamente.
La posición de Arthur lo ponía en lo objetivo de muchos intereses, por eso decidió crear un refugio seguro a las afueras de Ruidoso un pequeño pueblo de Nuevo México. Solo los miembros de Evergreen más cercanos a Arthur conocían de esa residencia. Springdale se había convertido en un lugar de peregrinación y ahora sería el laboratorio de construcción sostenible de Norteamérica, por eso ya no era un lugar seguro. La propiedad en Ruidoso, desde el exterior, se veía como una apacible finca rural de clase media-alta, nada de lujos, a los pies de la montaña, aquel parecía el lugar perfecto para desconectar del mundo, sin embargo, Arthur se había traído algo de Los Ángeles que observaba la finca desde una mira telescópica.
No querían esperar. Descubrir el hueco perfecto en la agenda de Arthur para actuar, crear esa sensación de inseguridad que los llevase allí, tenían claro que debían intervenir lo antes posible. Antes de que nadie supiera del golpe que iban a asestar. Cuando se hizo la noche, diez personas con rifles de asalto y equipamiento táctico se acercaban a la finca por cuatro francos. En el exterior había personal armado vigilando en posiciones discretas, pero estaban todos localizados y uno a uno fueron cayendo a golpe de silenciador.
Solomon estaba tenso por la pelea que había tenido hoy en el condominio. Aunque su intención era proteger a Arthur, sentía que había dado una imagen de violento ante el PRIMAL. Aún estaba dolorido y necesitaba salir a tomar el aire para despejar su cabeza. «Al menos Liam está agradecido» pensaba mientras veía a Matt, uno de los compañeros que hacía la vigilancia sentado en una silla con un cigarrillo en la mano.
—Sabes que no suelo fumar, pero creo que hoy es uno de esos días. Dame un cigarro anda. —dijo Solomon a Matt que yacía muerto en su silla de vigilancia con un sombrero de vaquero calado. No fue hasta que le tocó en el hombro que se dio cuenta de que estaba muerto. —¡Nos atacan! —gritó cuando enseguida vio a uno de los asaltantes a sus espaldas.
Solomon saltó al interior esquivando por milímetros los disparos de su enemigo. Su nerviosismo le hizo resbalar al intentar ponerse de pie, pero en cuanto recuperó la vertical vio como una granada cilíndrica entraba por la puerta que él había empujado para salvarse. Volvió a saltar esperando una explosión pero fue humo lo que encontró en su lugar. La finca no estaba hasta arriba de armas de fuego, pero tenían un arsenal bastante decente, no obstante, para la desgracia de Solomon, el arma más cercana estaba en un casillero justo donde la granada de humo había caído. El primer atacante entró con paso sigiloso haciendo un par de disparos por si impactaban en Solomon, pero este lo esperaba agachado. En cuando hicieron contacto, Solomon lo derribo y comenzó a forcejear con él.
—¡¿Qué pasa?! — dijo el segundo asaltante cuando escuchó los golpes entre la humareda.
La respuesta fue una ráfaga de disparos provenientes del humo. Solomon disparó en la cabeza al primer agresor y luego salió de la humareda para rematar al segundo.
—¡¡Nos atacan joder!!
El grito de alarma pareció llegar al interior, pero llegó tarde, desde la parte trasera, dos de los asaltantes comenzaron a masacrar a los miembros de Evergreen que encontraban en la casa. Liam estaba descansando en la planta superior cuando escuchó el grito de Solomon, Arthur estaba en el sótano, estaba protegido, pero si los asaltantes tomaban la finca tarde o temprano acabaría dando con él, por lo que debían responder. Cuando Liam salió de su habitación en el pasillo encontró a dos miembros ya armados, uno con una escopeta y otro con un rifle mientras que la pareja de uno de ellos se asomaba por la puerta de su cuarto sollozando:
—¿Qué está pasando?
—No sé quienes son pero Solomon ha dado la voz de alarma, escóndete lo mejor que puedas. —respondió Liam mientras que su compañero le daba una pistola.
—Rick y yo vamos a defender esta planta, pero tú debes llegar al sótano con Arthur, te cubrimos. —la sangre de Liam pareció helarse de escuchar las palabras de su compañero. Por suerte vio como otro de los residentes sacaba del altillo al que tenían acceso desde el pasillo varios rifles.
Uno de los ecologistas se asomó a las escaleras que daban a la planta baja mientras el otro escoltaba a Liam para que ambos le diesen cobertura mientras bajaba al sótano donde se encontraba el PRIMAL.
—Todavía no han llegado aquí. —dijo en medio de las escaleras cuando su cabeza expulsó un estallido de sangre que salió por su frente.
Liam corrió de vuelta a su habitación mientras su compañero le gritaba:
—¡A donde vas!, ¡tienes que bajar con Arthur, pedir refuerzos!
—Voy a bajar por el balcón y entraré desde fuera. —respondió Liam mientras se cruzaba con otro compañero que iba camino a la escalera para devolver el fuego.
Los disparos de fusil rompieron con la calma tensa de la finca mientras que Liam volvía sobre sus pasos y entraba en su cuarto. Estaba a punto de vomitar, quedó paralizado por unos segundos que parecieron eternos. Detrás de esa puerta se escuchaba una guerra, su guerra, una para la que no estaba preparado. «No puedo dejarme ir, debo continuar hacia adelante» se dijo a sí mismo para salir de su trance y moverse. Salió al balcón, y en cuanto se asomó uno de los asaltantes que esperaba fuera le disparó dos veces: una en el hombro y otra en la mejilla llevándose el lóbulo derecho del asistente. Liam respondió con un par de disparos torpes y se sentó para evitar ser un blanco.
—¡Escúchame! O sacáis a la rana o le prendemos fuego a la casa. Tenemos un lanzallamas. —gritó uno de los asaltantes a Liam. —¿Estás muerto?
—¡Vete al infierno hijo de puta! —respondió Liam sacando la mano por el balcón disparando en un par de ocasiones. Estaba acorralado.
En el sótano, Arthur podía ver con las cámaras todo lo que estaba sucediendo.
—¿Ya has pedido ayuda? —preguntó el PRIMAL.
—Sí pero no llegarán hasta dentro de 30 minutos.
—Ok, voy a acabar con eso.
—Señor… ¿está seguro?
Arthur no le respondió, solo el miró a los ojos y asintió antes de entrar por una pequeña trampilla que había en la pared. Arriba, Solomon se encontraba refugiado en una esquina intercambiando balas con los dos asaltantes que estaban intentando subir a la planta alta. A su lado había dos compañeros muertos en el suelo. Sabía que acabarían reduciéndolos pero estaba preocupado por el número de balas que le quedaban. Sin previo aviso, otro asaltante apareció frente a él disparando. El fuego cruzado le permitió escaparse de esa primera oleada pero resbaló con la sangre de un compañero caído y los asaltantes contra los que estaba disparando antes lo vieron. Estos dispararon y le impactaron en la pierna pero pudo arrastrarse detrás de un sofá para evitar el resto de la ráfaga. El relleno del sofá volaba por los aires y poco a poco la estructura del mueble se estaba desmoronando, no duraría mucho. La pierna le estaba sangrando más de la cuenta, o se hacía un torniquete rápido o se quedaría en el sitio donde refugiarse. Frente a él apareció el asaltante que lo perseguía, pero la suerte le sonrió y una compañera se abalanzó sobre el atacante con un cuchillo de cocina que entró como la mantequilla en la yugular de su enemigo. Ambos cayeron a plomo.
Rachel le quitó el fusil al asaltante que acababa de apuñalar y comenzó a disparar en dirección a quienes se atrincheraban en las escaleras de la planta superior. Sus compañeros que cubrían aquel acceso habían caído, pero los asaltantes no se habían atrevido a seguir subiendo sabiendo que estaban rodeados.
—Tío necesitamos cortar esa hemorragia si quieres contarlo. —dijo Rachel a Solomon con urgencia.
—Lo sé pero no llevo un puto cinturón.
—La camisa imbécil. Quítatela. —le ordenó mientras apuntaba por encima del sofá a la espera de ver a alguno de los asaltantes. —Cógela tu ahora y cúbreme ¿eh? —Rachel se puso a realizar el torniquete cuando le preguntó: —¿Crees que saldremos de esta?
—Depende de cuantos sean. —respondió Solomon cuando se escucharon disparos desde el piso de arriba.
—Habría que bajar pero me preocupan los que están arriba. Espabíla, ¡joder! —gritó cuando vio como otro asaltante entraba desde el exterior.
Solomon estaba medio ido pero el grito de Rachel le hizo reaccionar y acribillo al asaltante que los estaba rodeando. Se escuchaban más disparos desde arriba.
—Escúchame, cúbreme de esos dos hijos de punta, le voy a coger el rifle al que acabas de matar, tú vete abajo que estás peor.
—Estoy listo.
Solomon se apoyó sobre los restos del sofá cuando vio uno de los asaltantes bajar con su rifle, pero antes de que pudiese apretar el gatillo una onda sónica brotó del lateral abierto desde el que se veían las escaleras del piso superior incrustando al atacante en la pared contraria. El asaltante quedo aplastado y encajado en la pared que estaba totalmente agrietada. Todos sus huesos parecían rotos dándole una apariencia esperpéntica. Incluso su mandíbula parecía estar colgando. Había sido Arthur quien apareció en la sala llamando a Solomon, pero este no le escuchaba porque sus oídos pitaban fuertemente. Fue Rachel quien acudió rápida a coger al PRIMAL.
—¿Y Liam?
—No lo sé, solo estoy con Solomon. —respondió Rachel señalando al sofá, solo que Solomon estaba agachado detrás y el PRIMAL no lo veía.
—Nos tienen rodeados. —dijo Liam quién apareció bajando de las escaleras del piso superior cuando dio un sobresalto al ver el amasijo de huesos que había colgados como un cuadro a su lado.
—¿Cuántos son?
—No tengo idea, pero debemos refugiarnos abajo. Vamos. —dijo Liam mirando hacia atrás para indicarle a los compañeros que seguían arriba que bajasen.
—Ayudad a Solomon que está herido en la pierna y no puede moverse bien. —indicó Rachel cuando Liam acudió a socorrer a su compañero.
—Creo que después de esto puedo dar por saldada mi deuda. —le dijo Liam a Solomon.
—Cuenta con ello.
Rachel acudió a ayudar a Liam sirviendo de muleta para Solomon mientras sujetaba en brazos a Arthur mientras que varios compañeros bajaban de la planta superior para dirigirse todos al sótano cuando dos nuevos asaltantes entraron desde el exterior disparando. Rachel se tiró al suelo haciendo una bola con su cuerpo para proteger a Arthur pero este rápidamente se escapó de entre sus manos, cogió aire y expulsó de su boca una onda sónica que impactó en los dos asaltantes lanzándolos por los aires al exterior del edificio. La onda rompió ventanas y el marco de la puerta por la que entraron los asaltantes. Parecía que estaban a salvo pero otros dos asaltantes entraron por el lado contrario disparando. Liam y Solomon saltaron y se arrastraron a toda velocidad a la cocina, pero los compañeros que les seguían no corrieron la misma suerte y cayeron presa de las ráfagas de los fusiles enemigos. Rachel vio como Arthur corría y se introdujo en un azulejo de vidrio decorativo que había incrustado en una pared de la sala para ocultarse, por lo que ella se arrastró corriendo para evitar los disparos, pero dejó su arma atrás.
Los dos asaltantes que acababan de entrar se dividieron, uno de ellos fue a la cocina y el otro siguió a Rachel quién intentaba huir al exterior de la finca, pero las balas del exterior le hicieron cambiar su trayectoria, y sin llegar a salir, acabo entrando en un cuarto de baño para evitar el fuego cruzado. Estaba acorralada. Había una pequeña ventana que daba salida al exterior pero sabía que allí le esperaban. No sabía qué hacer por lo que, por instinto, se tumbó en la bañera y cerró las cortinas esperando a su muerte.
Los dos asaltantes que habían saltado por los aires entraron en la sala y se cruzaron con el compañero que seguía a Rachel.
—El PRIMAL estaba aquí hace un momento, aquí hay una chica, no sé si está con él.
—Voy contigo, tú ve adentro y termina de revisar la planta baja. Cuidado porque no sabemos si queda alguien arriba. Aunque imagino que están lo suficientemente acobardados como para bajar. —dijo jocosamente señalando la pila de personas que habían sido acribilladas hacía unos segundos.
Liam y Solomon estaban en la cocina, y al ver que su compañero no estaba al 100%, Liam le dijo a Solomon que se quedase sentado detrás de la isla mientras él se escondía en el armario de las escobas. Cuando el primer asaltante que les perseguía entró en la cocina vio el reguero de sangre de Solomon que le indicaba su posición detrás de la isla. El asaltante caminaba sigiloso hacia la cara oculta de la isla cuando los disparos de la pistola de Liam le sorprendieron por detrás. Liam se quedó en el armario intentando ver a través de los agujeros que había creado cuando unas robustas manos atravesaron la puerta del armario para sacarlo y estamparlo contra la isla. Liam había disparado con tan mala suerte que sus disparos habían impactado en el chaleco antibalas del asaltante. Ahora el asaltante lo asfixiaba contra los fuegos de la cocina. Liam desesperado buscaba con las manos algo con lo que golpearle sin suerte cuando Solomon asomó de la parte trasera de la isla con un rifle apretando el gatilllo, pero no le quedaban balas. El asaltante le dio una patada en la cara derrumbándolo y continuó estrangulando a Liam cuando llegó el otro asaltante.
—¿Solo queda ese?
—El otro está medio muerto y desarmado. Ve arriba. —le respondió cuando se escuchó otro estallido sónico.
El asaltante que acababa de entrar dispara a Liam en el costado y le dice a su compañero: —Remata al otro y vamos a por el PRIMAL. Es la prioridad.
El estallido sónico había sido Arthur de nuevo. Cuando los asaltantes entraron en el cuarto de baño vieron la pequeña ventana abierta y la cortina de la ducha echada. El primero disparó a través de la cortina pero Rachel estaba tumbada, pero al momento de disparar un estallido sónico atravesó el espejo del baño reventando la cabeza del asaltante que acababa de disparar. La finca contaba con todo un entramado de pasadizos estrechos entre los tabiques de la casa por los que Arthur podía moverse sin ser visto. El PRIMAL podía entrar y salir por multitud de puntos, apliques de cristal, cuadros, accesos detrás de muebles, trampillas ocultas, eran la principal protección del PRIMAL y el sistema de defensa definitivo de la finca. El otro asaltante disparó casi por reacción al ver como la cabeza de su compañero estallaba pero Arthur aún se encontraba en el hueco que había tras el espejo del cuarto de baño, pero en cuanto el PRIMAL percibió un atisbo de duda saltó al exterior y disparó una onda sónica que empujó con fuerza al otro asaltante contra la pared contraria aplastándolo contra ella. Arthur cayó aparatosamente al suelo y se cortó con uno de los cristales del espejo, pero no era grave.
—Creo que puedes salir Rachel.
La mujer se asomó con cautela atrevés de la cortina y vio todo despejado. Enseguida acudió a recoger a Arthur del suelo. Sin embargo, no sabían que uno de los asaltantes acababa de ver cómo su compañero era aplastado por una onda sónica y esperaba fuera del cuarto de baño su momento.
—¿Estás bien?
—Me recuperaré, ¿y tú?
—Sí, solo muerta de miedo, gracias Arthur.
Aquel momento de paz no duraría mucho, pues el asaltante que les esperaba fuera vio su oportunidad y entró, pero, a pesar de sus años, los reflejos de Arthur aún estaban agudos y disparó una onda sónica a las piernas del asaltante partiéndolas como ramitas. Los oídos de Rachel no dejaban de pitar.
Mientras en la cocina, Solomon luchaba a muerte con el último asaltante que quedaba vivo. Ambos forcejeaban en el suelo y Solomon lo bloqueaba con todas sus fuerzas para evitar que su contrincante le clavase un palo de escoba en punta en medio de la cara. Solomon estaba a punto de desfallecer cuando el sonido de un disparo y una salpicadura de sangre en la cara lo sorprendieron. Se quitó al asaltante de encima para descubrir a Aaron, el compañero que estaba en el sótano con Arthur al inicio del ataque.
—¿Estás bien?
—Creo que sí, el torniquete que me ha hecho Rachel es fuerte, aunque creo que he perdido algo de sensibilidad en la pierna. —respondía Solomon mientras que Aaron le tomaba el pulso a Liam.
—Está muerto. ¡Joder!
—¿Y Arthur?
—Están interrogando al que han dejado vivo. Vamos. —dijo Aaron mientras levantaba a Solomon del suelo.
Al llegar al salón, Rachel había cogido el cuchillo de cocina con el que le había quitado la vida a uno de los asaltantes y estaba sentada encima del que quedaba vivo.
—Rachel levántate pero no le quites el cuchillo de encima. Aaron, ¿puedes quitarle la ropa para ver si tiene alguna marca? —dijo Arthur a lo que Aaron dejó con suavidad a Solomon en el maltrecho sofá que antes le había salvado la vida.
—¿No piensas suplicar por tu vida? —preguntaba Rachel mientras clavaba la punta del cuchillo en el cuello del asaltante.
—¿Por una escoria como vosotros? Vendrán más después de nosotros, os lo aseguro. ¡Nos beberemos tu sangre y seremos tan fuertes que ninguna pandilla de mierda como esta podrá detenernos! —decía entre risas el asaltante mientras Aaron buscaba marcas.
—Mira. —dijo Aaron enseñándoles un tatuaje de un caballero medieval con armadura y una cruz de una línea azul y una roja cruzadas en el pecho. —Y mira. —dijo al levantarle la manga dejando ver una cruz ancha sin relleno en el antebrazo. —No hay duda, es un Trinitario.
—El mismo se ha delatado con esa lengua envenenada que tiene. Llevadle abajo que va a cantar todas las canciones que se sepa. —ordenó Arthur a lo que Aaron lo inmovilizó y lo levantó.
—¿No decía el gobierno que ya había acabado con toda esta basura? —dijo Rachel pero no le hicieron caso pues Arthur les preguntó alarmado:
—¿Donde está Liam?
—Ha muerto, lo siento. —respondió Solomon desde el sofá claramente agotado mientras se llevaba las manos a la cabeza.
El asaltante se reía sin tener idea del destino que le esperaba en las profundidades de aquella finca. Se hizo un silencio pensado en aquella sala repleta de cadáveres y agujeros de baja. Tras ordenar sus ideas, Arthur vio claro el siguiente paso.
—Vale, en este país creo que solo podremos avanzar si me hago a un lado, creo que es el momento de que muera para el mundo.