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El día que empezó todo

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30 de noviembre de 1999. El mundo estaba expectante ante el cambio de milenio. La incertidumbre por el llamado efecto 2000 preocupaba a la sociedad occidental ante la posibilidad de un colapso tecnológico. Pero, aunque se trataba de una preocupación global, una parte importante del hemisferio sur vivía completamente ajena a esta posible amenaza. Concretamente el continente africano, donde el impacto de un apocalipsis digital era el menor de sus problemas. Allí se encontraba Elder Salas, reputado periodista internacional de la BNC conocido por sus reportajes en zonas de conflicto.

Elder llevaba más de ocho meses saltando de país en país retratando la cara menos amable del continente a través de sus diversas zonas de conflicto. Tras ser premiado repetidas veces por sus reportajes en la Guerra del Golfo, Elder buscaba en África su siguiente gran proyecto. Durante los primeros siete meses de viaje, Elder solo se había topado con lo mismo poblado tras poblado. Miseria, enfermedad y hambre. Sin embargo, unos treinta días atrás, Elder encontró una posible veta que lo llevaría al ansiado reportaje de oro.

En la frontera entre la República Democrática del Congo y Zambia, Elder llegó a un poblado cuyo status quo había cambiado significativamente días atrás. La zona había estado dominada por un terrible señor de la guerra, pero cuando el periodista llegó, la paz y la tranquilidad reinaban en la localidad. Una milicia revolucionaria estaba expulsando a los violentos de la región y ayudando a establecer gobiernos locales pacíficos. Era un hecho totalmente inusual, pero más aún lo era comprobar como el éxito de la milicia estaba instaurando un régimen estable por cada pueblo que pasaba.

Las luchas de poder entre señores de la guerra eran habituales, más en aquella región. Lo que no era habitual es que una milicia luchase por la libertad de un pueblo ajeno a su etnia, y que después abandonase el lugar sin quedarse a disfrutar del botín. Esta milicia siguió avanzando con éxito en su misión libertaria hacia el sur y eso tenía fascinado a Elder.

Tras pasar por varias poblaciones liberadas por esta milicia, Elder y su fixer por fin dieron con el grupo paramilitar. Se hacían llamar Baraka, un término swahili que significaba la bendición. Sin embargo, Salas pronto descubrió que los Baraka solo eran una célula perteneciente a un movimiento más grande. La Mandrágora, o como se denominaba en la lengua elhomwe, Woohura. Esta mezcla de idiomas era muy representativa del grupo, pues el movimiento estaba conformado por personas de distintas etnias procedentes del Congo, Tanzania, Kenia, incluso Botsuana, una mezcla multiétnica muy poco usual en África. De hecho, era la primera vez que había oído hablar de una agrupación tan trasversal en el continente.

El objetivo de Woohura era librar de la violencia y la explotación a los pueblos oprimidos. Los Baraka estaban encantados por recibir la atención de un periodista internacional, por lo que invitaron a Elder a que los acompañasen durante unos días a conocer algunos de los pueblos que habían liberado. Después de una semana, Elder y los Baraka habían visitado un par de poblaciones que aún se mantenían en paz mientras los miembros de Baraka le relataban su historia.

El movimiento Woohura tenía una visión muy romántica de sus objetivos, una que encajaba perfectamente con el tipo de reportaje que Elder buscaba. Pero el elemento más reseñable de esta historia era el líder de la organización, una misteriosa figura conocida como Gambo. Solo unos pocos miembros de la organización lo habían visto en persona. Este era el autor intelectual de esta inusual revolución y conseguir una entrevista con él se convirtió en el principal objetivo de Salas. Aquella historia olía a Pulitzer. Elder quería entrevistarlo a toda costa, y a pesar de su insistencia, los Baraka no accedieron a concederle un encuentro. Solo los líderes del grupo habían conocido a Gambo, y para ellos, proteger la semilla de aquella frágil revolución era prioritario. No obstante, había opiniones divididas en el grupo. Para varios integrantes, presentar su causa al mundo sería un reclamo para engrosar sus filas, podrían incluso conseguir apoyo internacional, según le decían al propio Elder, por lo que el periodista pensó que sería cuestión de tiempo y perseverancia.

Elder se mantuvo junto a Baraka unas semanas, ya no como un invitado con el que presumir de sus triunfos, sino como testigo de su labor en el campo de batalla. El periodista ya había sido reportero de guerra, pero el conflicto en el territorio africano tenía ingredientes que hacían de la situación una más volátil que en anteriores reportajes. La milicia luchaba bien, estaban bien entrenados a pesar de que ninguno de sus miembros había pertenecido a ningún ejército, algo que no le cuadraba a Elder. Probablemente, varios de los integrantes de Baraka habían sido niños soldados a las órdenes de un desquiciado líder tribal y este era su camino para redimirse de las atrocidades ejecutadas por su mano.

En cada punto de fricción, la labor de Elder como agente no interviniente causaba mayor incomodidad entre los miembros de Baraka. Los africanos no comprendían como el occidental podía ser testigo de la crueldad de sus enemigos y no actuar. Por su parte, Elder también empezaba a sospechar que los líderes de la célula nunca le darían acceso a Gambo. Ya no solo por falta de intención, tal vez, aquel grupo no tenía la autoridad necesaria como para darle acceso al cabecilla de aquella revolución. Tal vez se trataba de una organización totalmente descentralizada y con autonomía total, sin una clara jerarquía. Elder ya tenía suficiente material para un gran reportaje, por lo que su intención era hacer su petate y regresar a casa por navidad. O esa era su objetivo.

Camino a Lubumbashi, en República Democrática del Congo, algunos miembros de Baraka se ofrecieron para escoltar a Elder y su fixer para que cogiesen un avión de vuelta a Reino Unido cuando la caravana fue atacada por un grupo revanchista. Todo sucedió muy rápido. Elder era zarandeado de una parte a otra para esconderlo de sus rivales, quienes habían visto en la ejecución del extranjero una piedra que frenaría el ímpetu de Baraka en su territorio. La emboscada sucedió en la localidad de Alto Katanga, una zona minera en la que inevitablemente los civiles sufrirían las consecuencias de su paso por la población.

Las balas silbaban sobre la cabeza de Elder y estallaban contra cada superficie a la que se acercaba. Instintivamente Elder cogió su cámara y comenzó a tomar fotografías del ataque, pero conforme caían sus supuestos protectores, la cadencia de las fotografías se iba reduciendo en detrimento de localizar rutas de escape, pero no había escape posible de aquella situación. Finalmente, Elder y su fixer fueron capturados. El conflicto había terminado. Solo quedaba afrontar las consecuencias. Frente a Elder, ocho locales temblaban de rodillas esperando su destino. A su lado solo quedaban dos de los miembros de Baraka que le acompañaban y su fixer. Para su desgracia Elder se había convertido en el protagonista de la situación.

El fixer transmitía las palabras de su captor quién ordenaba al periodista fotografiar cómo ejecutaban a los aldeanos que tenían acuclillados frente a ellos. En el momento en el que Elder se dispuso a coger la cámara que estaba frente a él, su captor le disparó la mano izquierda agujereándola de forma limpia. Por las palabras de su fixer entre sollozos, sus captores insistían en que Elder retratase ese momento aún con la lesión en su mano. Sin saber que le dijo el fixer al hombre que disparó al periodista, este le golpeó con fuerza en la boca para que no se dirigiese a él. Elder vio como uno de sus dientes caía junto a la cámara mientras que su compañero le suplicaba de nuevo que hiciera aquellas fotos.

Casi sin fuerzas, Elder se dispuso a realizar la fotografía más satisfactoria de su carrera, pues al momento de hacerla, su captor cayó por un disparo de la caballería. Pero, ¿quiénes son mis salvadores?, se preguntaba el periodista medio moribundo casi a punto de perder la consciencia. Los momentos que siguieron a aquella terrible experiencia fueron muy confusos. Fue gracias a uno de los supervivientes de Baraka que Elder entendió lo que había sucedido.

A su rescate habían acudido Izwi Lethu, otra de las células de Woohura. Estos iban en su encuentro antes de llegar a Lubumbashi pues tenían intención de hablar con Elder antes de su partida. Izwi Lethu, traducido del zulú Nuestra Voz, era la milicia más cercana a Gambo. Querían que el periodista entrevistase a su líder, sin embargo, estos tenían una inusual condición. La entrevista debía emitirse en riguroso directo por televisión. Después de aquel sufrimiento, llegado a ese punto, Elder no dudo en aceptar su proposición. No sabía cómo la haría posible, pero él ya había pagado el precio, por lo que no se iría sin el fruto de su sacrificio.

Por suerte para Elder, el tiro que le atravesó la mano fue limpio, y estar tan cerca de la ciudad de Lubumbashi le permitió acceder a un médico y medicinas para poder continuar hacia adelante. Aquella mano quedaría prácticamente inutilizable, pero era diestro y podría seguir escribiendo como lo había hecho hasta el momento para ganarse la vida. Tras darle varias vueltas, Elder llegó a la conclusión de que debían hacerse con un equipo de transmisión satélite y tras unas llamadas localizó uno en Johannesburgo.

La intención de Elder era engañarlos con respecto a la transmisión para conseguir la entrevista, pero entre las filas de Izwi Lethu había alguien que sabía perfectamente lo que se hacía. Kwame Ngobeni era un joven sudafricano cuyo padre había trabajado como cámara para medios internacionales, por lo que los Izwi Lethu se aseguraron que sus condiciones se cumplirían antes de presentarle a Gambo. Elder tuvo que negociar con distintos compañeros de la cadena hasta conseguir que alguien le aceptase la emisión. Por suerte, los magazines de fin de semana estaban faltos de contenido y Elder consiguió que una cadena asociada les diese una conexión en directo. Sin embargo, para ello Elder tendría que bajar hasta Johannesburgo, en Sudáfrica, para recoger un equipo de trasmisión satélite y subir hasta Garobone, en la frontera con Botsuana, en 24 horas. Además, una vez en Garobone, Elder y su fixer tendrían que viajar a ciegas a una localización desconocida con el equipo de retransmisión para poder entrevistar al líder del movimiento. Elder ponía de nuevo sobre la mesa su integridad física, su puesto de trabajo y su reputación como periodista, pero la recompensa prometida merecía el riesgo.

Tras más de día y medio de viajes a un ritmo infernal, Elder, su guía y los miembros de Izwi Lethu llegaron a la ubicación donde se encontraba Gambo. Elder estaba molesto con los Izwi Lethu pues eran muy insistentes con las condiciones de la emisión. De hecho, hasta que el propio Kwame no habló con el responsable de la conexión en Reino Unido no fueron a buscar a Gambo. Elder había preparado muy bien sus preguntas para asegurarse el impacto de la audiencia británica, pero cuando Kwame trajo a un antílope consigo y le confirmó que este era su líder, pensó que estaban locos.

Estos han elegido a este animal como tótem o algo así, pero detrás de todo esto tiene que haber alguien dando órdenes ¿no? Alguien a quién se le ocurrió esta gilipollez del antílope, pensaba Elder para sí desesperado cuando el propio antílope le dio las gracias por su asistencia. Elder quedó unos minutos en shock. Primero pensó que estaba alucinando. Algo que habían comido, repasaba sin articular palabra, pero no habían compartido comida con ningún miembro de Izwi Lethu en las últimas horas. Al mirar a su fixer y ver su cara de incredulidad corroboró que no solo era cosa suya. Lo estaban viendo, un antílope les estaba hablando, y en inglés. Luego pensó que se trataba de un truco. Sin embargo, mientras lo rodeaba y examinaba, Elder ya sentía que había atravesado un velo que cubría la realidad hasta el momento. Sus pasos alrededor del antílope se sintieron como los pasos de un astronauta descubriendo un nuevo planeta. Gambo esperaba su reacción por lo que dejó que el periodista hiciese sus comprobaciones sin molestarlo, aunque sin dejar de hablar con él.

—Cómo… ¿cómo es posible?

—Cualquier respuesta que te dé sonará como superstición de nuestros pueblos, y es así, no tenemos explicación científica. Creí morir, pero desperté en este nuevo cuerpo.

Al escucharlo su mente dio un vuelco que se sintió desorientador. Elder no sabía si se sentía mareado por el estrés de conseguir el equipo de retransmisión internacional en tan poco tiempo o por la magnitud de lo que estaba presenciando, porque la dimensión de aquello era inconmensurable. Vida después de la muerte, un animal que habla, una revolución… no solo estaba frente a la noticia del siglo, estaba frente a una revelación que cambiaría el paradigma del mundo. Todo lo que el periodista había preparado para la entrevista había perdido relevancia. Kwame, que estaba ejerciendo de cámara y de enlace con el estudio de Londres, tuvo que hacer reaccionar a Elder que estaba prácticamente absorto en sus pensamientos al descubrir a Gambo. A pesar del shock, la garra periodística de Elder no tardó en aflorar de nuevo e hizo la entrevista más importante de la historia.

Al iniciar la entrevista, desde Londres no daban crédito a lo que estaban viendo. Preguntaron a Elder desde el control, y este, en directo, hizo las mismas comprobaciones que realizó minutos antes por sí mismo. Aun así, desde el estudio no daban veracidad a lo que sus monitores mostraban, pero tampoco entendían como un periodista de guerra como Elder Salas estaba dando pie a un montaje tan absurdo. Motivados por la repercusión que daría aquel extraño montaje decidieron mantener la emisión de la entrevista, sin embargo, al terminar esta, la sensación en la cadena inglesa era bien distinta.

Gambo explicó que era una persona que había renacido en el cuerpo de un antílope con la capacidad de hablar. No especificó cuanto tiempo llevaba viviendo como un animal, pero dejó a entender que llevaba lo suficiente como para organizar la revolución Woohura. Por el momento quería mantener su ubicación en secreto, pues conocía a otros animales como él que, en el pasado, habían sufrido por su condición extraordinaria. Pero adelantó que no tardaría en presentarse al mundo de manera más formal.

La entrevista fue breve, pero duró lo suficiente como para emitirse en directo en varias de las cadenas aliadas de la BNC. Después de la emisión, Gambo no tardó en despedirse, pero prometió a Elder que sus compañeros volverían a ponerse en contacto con él más adelante una vez pasase el revuelo de su anunciación. Antes de marcharse del lugar, Gambo le aseguró al periodista que había más personas en su situación en todo el mundo y que los gobiernos occidentales eran conscientes de ello. El antílope sabía que había iniciado una cadena de acontecimientos que no tenía vuelta atrás, y por ello, estaba agradecido a Elder. Aunque más agradecido estaba él por supuesto.

Al regresar el equipo de emisión satélite en Johannesburgo, los servicios secretos ingleses dieron con Elder para traerlo a Europa lo antes posible. Elder y su fixer fueron trasladados a Londres de inmediato. El fixer de Elder era egipcio, pero a raíz de los acontecimientos, el gobierno inglés no dudó en secuestrarlo para interrogarlo en su territorio. Gambo estaba en lo cierto, los gobiernos de las principales potencias del mundo eran conscientes de la existencia de estos fenómenos. En algunos lugares eran denominados como Renacidos Animales o Animales con Consciencia, pero no había un término común pues todos los países que tenían conocimiento de ello guardaban el secreto celosamente. Sin embargo, ya no había vuelta atrás.

Muchos países optaron por desmentir la entrevista y procurar ganar tiempo de reacción mientras se preparaban para abordar este asunto. Otros, como Alemania, ya estaban preparados para esta eventual revelación siendo los primeros en presentar al primer Renacido en Cuerpo Animal, Jürgen Schulz. Un hombre de campo que renació cerca de su explotación ganadera en el cuerpo de un buey. Schulz y el gobierno alemán reconocieron que estaban estudiado el fenómeno desde 1996. La rápida reacción de Alemania hizo que todos los estados que hospedaban a un Renacido en secreto acelerase sus procesos internos en esta materia.

Mientras, gracias a la desinformación de algunos estados, los medios de comunicación, y al escepticismo generalizado ante tal revelación, buena parte de la población mundial aún no creía en la veracidad de la entrevista a Gambo. La entrevista cruzaba la línea entre lo real y lo ficticio, y su aceptación suponía un cambio de creencias en lo relativo a la vida después de la muerte y la religión. Unas ideas que la sociedad tardaría en digerir.

Un año y medio después de la entrevista a Gambo, solo dos Renacidos Animales se habían presentado en sociedad, lo que hacía que el escepticismo sobre ellos se mantuviera alto entre la población mundial. Las mínimas apariciones de Gambo tampoco ayudaban a fomentar la creencia en la existencia de estos seres sobrenaturales. Sin embargo, esto no impidió que un número importante de países se reuniese en el 1º Congreso Mundial de Naciones Unidas por la Investigación y Protección de la Vida Alternativa. Un evento al que asistirían los tres primeros renacidos presentados en sociedad, Gambo, Jürgen Schulz y Gracia Núñez, un ave tropical procedente de Venezuela. En este congreso, los países asistentes pondrían un consenso para referirse a los renacidos con un término común en todo el mundo, PRIMAL, Person Reincarnated Into a Modificated Animal Life.

Ese evento también sería la semilla de la creación del organismo mundial que velaría por los derechos de los PRIMAL, y centralizaría las investigaciones y legislación que surgiría entorno a ellos, UNIPAL, United Nations for the Investigation and Protection of Alternative Life. Al igual que estos primeros consensos sobre los PRIMAL, el premio Pulitzer de Salas se hizo esperar, pero finalmente, una vez el mundo ratificó la existencia de los PRIMAL, en 2001, Elder fue gratificado con ese honor.

¿Quieres saber que fue de Gambo? El antílope es uno de los personajes más influyentes en “Contra Natura”, la primera novela de SWGEEN.

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